11 de febrero de 2009

Ten piedad de mí (Erbarme dich)

A veces me pregunto qué sentido puede tener una vida que termina en un sin sentido, en algo que se contradice a sí misma. ¿Vivir para llegar al acabamiento, a la inexistencia? Por eso nos aferramos a la memoria, al recuerdo, degustamos lo ya vivido tal vez como ilusión renovada o consuelo o engaño. Sabiendo que la memoria también acabará con nosotros, que recordamos, ni siquiera la escritura reflejará fielmente lo que fue vida y calor y risas y abrazos, también quemaduras y heridas. Es todo un empeño inútil que estamos condenados a repetir por no disponer de otro, como aquel condenado de la mitología que subía y subía una piedra inmensa hasta un monte para que, al llegar a la cumbre, cayera rodando ladera abajo.
Luchar siempre, recordar, con la desesperación de lo que no podrá perdurar, sentir que queremos vivir para siempre sabiendo que nunca será así. En vez de Dios y vida eterna, prefiero engañarme con algo más cercano a mí, con sus caras y recuerdos, dejar que vuelvan, que lleguen hasta mí una vez más, que me acompañen y hablen, que yo los vea moverse, sufrir, discutir, también querer. Antes de que yo mismo me convierta en sombra y ellos sean solamente sombras de una sombra, cuando el olvido caiga sobre todos nosotros como un manto de estrellas que, con su luz, haga presente la huella que dejamos en la nada al ser ausencia.
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De una novela inédita

6 comentarios:

Lunita dijo...

EL ARCO Y LA FLECHA

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas de anhelo de la vida misma por perpetuarse.
Llegan por medio de vosotros, pero no de vosotros, y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Les podéis dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen los suyos.
Podéis acoger sus cuerpos, pero no sus almas, porque sus almas moran en la casa del mañana, que no podéis visitar ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros por ser como ellos, pero no tratéis de hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Sois el arco por el cual vuestros hijos son disparados, como flechas vivientes.
El arquero ve la diana en el camino del infinito, y con su fuerza os doblega para que vuestras flechas vayan raudas y lejanas.
Dejad que vuestra tensión en las manos del Arquero sea una alegría; pues de igual manera Él ama la flecha que vuela, como ama también el arco que se tensa.

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saludos
se cuida mucho ..

Carlos Maza dijo...

Gracias, Lunita, no sé de quién es lo que escribes pero es muy cierto.Saludos

Artal de Luna dijo...

La poesía es del poeta libio, Kahlil Gibran, Carlos

Carlos Maza dijo...

Gracias, Artal, veo que las lunas tenéis afición a este blog, la verdad es que eso me anima a elegir alguna poesía o canción de vez en cuando. La novela inédita avanza a toda velocidad, en unos días la terminaré bajo el título de "La huella de tu ausencia".

Unknown dijo...

.."ten piedad de mi" una lectura muy interesante! algo que siempre habia pensado pero no lograba condensar...la vida transcurre concediendote los premios por los que trabajas, luchas y te esfuerzas por conseguir estabilidad emocional, economica etc..los hijos se van, las fuerzas te abandonan, el cuerpo se resiente al paso del tiempo, un dia, te vez esperando la sentencia, te preguntas en voz baja, valio la pena tanto? al final de la carrera el premio es el mismo para todos...un llamado descanso eterno que tal vez no deseamos porque para poder soportar la soledad, abrimos el cofre de los recuerdos y estos te hacen tener una nueva ilusion...aunque el prospecto de vida sea ya limitado...

Unknown dijo...

El Arco y la Flecha...interesanate lectura y muy cierta! es por eso que a los hijos les debemos dar el mejor tiempo precisamente cuando ellos nos necesitan, despues de su etapa de crecimiento son duenos de sus rutas, debemos darles las alas, ensenarles a volar y decirles siempre !hasta pronto!..porque algunas veces tendran, o querran que volver!!
Connie