8 de junio de 2008

La sabiduría inexistente

Creí que al llegar a esta edad,
que no es mucha ni es poca,
ya sabría lo suficiente para encarar
el resto de mis años con sosiego.
Creí, como en un sueño, que alcanzaría
lo que llaman sabiduría, eso creí.
Pasan los años y en esta edad incierta
sólo veo heridas, alguna alegría,
propósitos cumplidos, lucha incierta,
amores que terminaron y otros,
que tal vez sobrevivan hasta el final.
Veo a un joven con las manos llenas
de ignorancia e ilusión, certezas falsas
y unas tremendas ganas de vivir.
Observo a ese hombre que trabaja,
pasando sus horas frente a una mesa,
dando su mano a unos niños que juegan
y se divierten hasta hacerse hombres.
Y ahora que llega, al fin, la hora incierta,
encuentro que la sabiduría no alcanza
a darnos la luz, la ilusión de entonces,
que quedan demasiadas heridas y un dolor
que no sabes cómo reparar ni de qué forma olvidar.
Buscas los sueños y ya son fantasmas,
no hay sino un deseo de querer y ser querido,
que no se te escape tu tiempo del todo,
perdiéndose el último suspiro, el beso postrero.
No hay sabiduría, no hay sosiego,
sólo queda un deseo de vivir otro instante,
caminar un nuevo paso hacia el olvido
del tiempo y de tu memoria, desear, sí,
que tengan piedad de ti, que no te alcance
el miedo a estar solo, a ser abandonado,
el final de la última sonrisa.
..............
A mi madre
Carlos Maza

2 comentarios:

Manu gordillo dijo...

Hola Carlos:
Me encantan tus poemas, sobre todo éste. Yo también tengo una madre con ochenta y un año. He leido tu libro ´Paseos por Osuna¨ y me ha gustado mucho. Soy fotógrafo y en mi trabajo toco mucho el mundo clerical con una cierta ironía por lo que el caso del abad Corella respalda la tesis de lo que tantas veces digo.

Un abrazo Manu Gordillo

Anónimo dijo...

la hora incierta... a veces siento que tambien llego la mia.
Decis en este bonito poema lo que siento y no me atrevo a ver.. y lo decis tan bien...
Sussy