12 de septiembre de 2007

En contra del olvido

Si el tiempo en la memoria no muriese

tan lento y torturado, disponiendo

por tanto una manera melancólica

de volver al pasado y de sentirlo

no como un algo muerto, sino siempre

a punto de morir y siempre herido-

y renacido siempre, y de tiniebla.

Si el tiempo, en fin, tuviese potestad

para borrar su estela de memoria,

para enterrar sin daño los recuerdos

en vez de darles rango de abstracción-

y en las tardes vacías recordar;

con algo de tahúr y algo de mago,

lo que ya sólo es ficción del tiempo

como un viento lejano, un eco frío.

Si todo fuese así, si en el pasado

no fuera uno la estatua de sí mismo

en una plaza oscura y sin palomas

o el actor secundario de una obra

retirada de escena, me pregunto

qué sería -imagina- de nosotros,

que sellamos un pacto tan antiguo

como el color del aire en la mañana.

Qué habría de ser entonces, sin memoria,

de nosotros, que hacemos renacer

al juntar nuestras manos esta noche

tantas noches y lunas y ciudades

y tembloroso mar de las estrellas.

...................

Felipe Benítez Reyes

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