26 de octubre de 2008

Cuando yo me muera

Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.
Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.
Cuando yo me muera,
enterradme si queréis
en una veleta.
¡Cuando yo me muera!
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Federico G. Lorca
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Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
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Miguel Hernández
Mi pequeño homenaje al poeta granadino
y a todos los que murieron a su lado

24 de octubre de 2008

Lejos de Córdoba

Estas aguas no son aquellas aguas,
ni es ésta la ribera. Y mis manos
¿son las mismas que antaño acariciaron
la estela de su cuerpo? Otro fulgor
de acero incendió las pupilas.
Que al fin todo es efímero. En el agua
la muerte me reclama. En sus reflejos
adivino un arrullo de sirenas.
Pasan blancas muchachas, con su aroma
de adelfa, con su piel que hace temblar
el mediodía. Como palomas pasan,
y un instante, arrasan la memoria.
Y este dolor de saberme perdido
pasará. A la tarde, mis palabras
sólo serán cenizas. Afligirme
no debo. Aunque en verdad, imaginé
¿más allá de este río? otro destino.
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Ibn Hazm de Córdoba

21 de octubre de 2008

Sin título


He reducido toda mi desidia
al goce del silencio,
mis errores a su núcleo,
mi santidad a cero,
mi ego de viajero al infinito.
No va a más, asevera
el croupier desde el fondo del abismo.
Reúno fuerzas
para una última apuesta.

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Juan Sánchez

18 de octubre de 2008

Poema del hijo no nacido

Como naciste para la claridad
te fuiste no nacido.
Te perdiste sereno,
antes de mí,
y cubriste de siglos
la agonía de no verte.
No quisiste la orilla de la angustia
ni el por qué de unas horas que pasan lentamente
en la vida,
sin dejar un sollozo,
ni un recuerdo,
ni nada.
No quisiste la aurora.
No quisiste la muerte.
Rechazaste el olvido,
y en la flauta del aire avanzaste perpetuo.
No quisiste el amor en féretro de las olas
ni quisiste el silencio que deja el túnel breve
donde ha dormido el hombre.
Tuyo, inmensamente tuyo,
como naciste para la claridad
te fuiste no nacido,
nardo entre dos pupilas que no supieron nunca
separar el eco de la sombra.
Manantial sin rocíos lastimeros,
pie fértil caminando para siempre en la tierra.
..................
Julia de Burgos

15 de octubre de 2008

Despedida

Ando mis días entre paredes claras o a través de calles
que proyectan árboles y casas conocidas
en la mitad de un nuevo otoño
a veces camino por una playa ventosa
imagino juegos entre las sombras afiladas
que derraman los altos edificios de mi ciudad costera
y vengo a descubrir en una de las horas lentas del anochecer
cuántas veces pienso la forma de tus huesos
lamo los finísimos espacios que hay
entre las letras de tu nombre
y me escurro demasiado llena de conversaciones solitarias
en la realidad de mis enseres más preciados:
esa fantasía pertinaz y tirana que me obliga desde siempre
a la invención de otros asuntos
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Cristina Meneghetti

5 de octubre de 2008

Leer, leer

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
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Miguel de Unamuno

2 de octubre de 2008

Historia de mi muerte

Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo,
con una vuelta menos me ceñía
y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
y ya no me besaste...
y solté el cabo, y se me fue la vida.
............
Leopoldo Lugones