9 de junio de 2008

Hora tras hora

Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña,
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran.
Recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?
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Rosalía de Castro

8 de junio de 2008

La sabiduría inexistente

Creí que al llegar a esta edad,
que no es mucha ni es poca,
ya sabría lo suficiente para encarar
el resto de mis años con sosiego.
Creí, como en un sueño, que alcanzaría
lo que llaman sabiduría, eso creí.
Pasan los años y en esta edad incierta
sólo veo heridas, alguna alegría,
propósitos cumplidos, lucha incierta,
amores que terminaron y otros,
que tal vez sobrevivan hasta el final.
Veo a un joven con las manos llenas
de ignorancia e ilusión, certezas falsas
y unas tremendas ganas de vivir.
Observo a ese hombre que trabaja,
pasando sus horas frente a una mesa,
dando su mano a unos niños que juegan
y se divierten hasta hacerse hombres.
Y ahora que llega, al fin, la hora incierta,
encuentro que la sabiduría no alcanza
a darnos la luz, la ilusión de entonces,
que quedan demasiadas heridas y un dolor
que no sabes cómo reparar ni de qué forma olvidar.
Buscas los sueños y ya son fantasmas,
no hay sino un deseo de querer y ser querido,
que no se te escape tu tiempo del todo,
perdiéndose el último suspiro, el beso postrero.
No hay sabiduría, no hay sosiego,
sólo queda un deseo de vivir otro instante,
caminar un nuevo paso hacia el olvido
del tiempo y de tu memoria, desear, sí,
que tengan piedad de ti, que no te alcance
el miedo a estar solo, a ser abandonado,
el final de la última sonrisa.
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A mi madre
Carlos Maza

3 de junio de 2008

Es esa hora

Es esa hora, ya sabes, la del anochecer.
El aire parece que se detiene, como el tiempo,
y la vida se hace densa, adquiere peso,
consistencia, sabor, un aroma de lentitud.
Es esa hora en que me invade la tristeza,
y la soledad golpea una vez más, noches
de invierno abrigado bajo una manta,
de primavera oyendo la noche que me envuelve.
Me siento a escribir, a escribirte algo
que no sé lo que es, no existen palabras
para describir la soledad y este silencio
que me envuelve como un abrazo
acogedor y oscuro y lleno de recuerdos.
De aquel que fui, el que desapareció,
ése que buscaba sin saber, que te buscaba
entre el frío de otro tiempo que ya es pasado.
Por eso pongo esta música suave, dulce,
y pienso en ti, para decirte con pocas palabras
que te echo de menos, que la vida se hace lenta,
triste, sin sentido, cuando estás lejos.
Y ahora dejo que este silencio me acoja, me meza,
como si fuera el niño que en otro tiempo corría,
y no sabía para qué, no sabía hacia dónde,
y era hacia ti.
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Carlos Maza