24 de enero de 2008

En el camino

Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas,
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.
No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.
Recuérdalo, hubo un río.
Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.
Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.
Aún estamos aquí.
Pero, de pronto,han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.
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Benjamín Prado

21 de enero de 2008

Un mar de lágrimas

Sufrirás. Ya has sufrido.
Tal vez estés sufriendo.
Y aunque sepas por qué (si es que lo sabes),
ese conocimiento no será tu consuelo.
El adiós a los tuyos; el azar,
implacable; la incógnita del cielo,
todo lo que se pierde
hechos y vida abajo, tiempo abajo,
o también vida arriba, hacia lo que te espera,
todo, configura el sabor de tus lágrimas,
un sabor sin sabor, ya que no lo comparte
quien te ha visto sufrir
-no puede compartirlo-,
un sabor que no entiendes,
un cúmulo de lágrimas que trazan,
no sé dónde,
un mar por el que bogan,
y no sé para qué,
inútiles por siempre, inconsolables,
quién sabe desde cuándo,
su alma,
tu alma
y la mía.
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Carlos Marzal

12 de enero de 2008

En la muerte de Ángel González

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz—cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.
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Ángel González, descanse en paz

9 de enero de 2008

Mujer de muerte

Lo que tú hubieras sido
ha quedado en el aire
perdido para el tiempo.
Las cosas que no hiciste, las canciones
que nunca cantarás,
los días nuevos
que correspondían,
los deseos,
la rueda de las voces abiertas en tu oído,
toda tu larga sombra proyectada al futuro.
Porque escucho el sonido falso de mi moneda
al chocar contra el mármol
de tu terrible ausencia
te amo mujer de muerte.
¡Ah, lo que hubieras sido!
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José Agustín Goytisolo