4 de febrero de 2007

Rubaiyat

¿Cuándo nací? ¿Cuándo moriré?
Nadie puede evocar el día de su nacimiento
ni señalar el día de su muerte.
¡Ven a mí, ángel amada!
Quiero pedir a la embriaguez
olvidar que nunca sabemos nada.

¡Señor, oh señor, contéstame!
Tú nos has dado ojos y permitido
que la belleza de tus criaturas nos deslumbre.
Tú nos has otorgado la facultad de ser dichosos.
¿Quiseras que renunciáramos a gozar de los bienes de este mundo?
¡Pero si es tan imposible como invertir una copa
sin derramar el vino que contiene!

Buscar la paz en este mundo es una locura.
Creer en el reposo eterno, también.
Después de muerto, breve será tu sueño:
renacerás en el césped que todos hollan
o en la flor que el sol marchita.

Admitamos que hayas resuelto
el enigma de la creación.
¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas podido despojar
de todos sus vestidos a la Verdad.
¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas vivido cien años dichoso
y que vayas a vivir otros cien más.. ¿Cuál es tu destino?

Los sabios y filósofos más ilustres han caminado
entre las tinieblas de la ignorancia.
Sin embargo eran los luminares de su época.
¿Qué hicieron?
Pronunciaron algunas frases confusas
y luego se durmieron.

Mi nacimiento no aportó
el menor provecho al universo.
Mi muerte no disminuirá
su inmensidad ni su esplendor.
nadie ha podido explicarme
jamás por qué he venido,
ni por qué partiré.

¿Qué es el Mundo? Una parte pequeña del espacio
¿Qué es la ciencia? Palabras.
¿Y qué son las naciones,las flores y las bestias? Sombras.
¿Y tus continuos,tus inquietos cuidados? Sí, la nada en la nada.

Se nos da un breve instante para gustar
del agua en este ardiente páramo.
Ya el astro de la noche palidece.
La vida va a llegar a su término: el alba de la Nada.
Vamos, pues, date prisa.
............
Omar Khayyam

3 de febrero de 2007

Te he visto envejecer

Te he visto envejecer entre mis manos,
mis caricias –tus manos me abrazaban
un día y otro día- sin poder detenerte,
detenernos.

Tus ojos querían para mí
las cosas dulces, suaves,
aunque tú ya sabías lo violenta,
dura y desolada,
que está la vida. Y una vez,
y otra vez, me hablabas del camino.

Y ya hoy
-Ana y Ángela, mis hijas,
te recuerdan- te veo como nunca lo hice:

Agobiada por años y más años,
por palabras y ausencias,
por dolores.

Quisiera para ti
toda la paz del mundo. Toda la paz
que no pudimos darte.
..............
José Antonio Labordeta